Categoría: deportes
7 Diciembre 2008
Recuerdo estar en mi casa, junto a mi papá, mi mamá y mi hermanito, frente al televisor viendo las Justas Interuniversitarias de la LAI. Era una tradición. Mi hermano y yo estábamos ansiosos de llegar a la universidad para competir. Veíamos un público exaltado que apoyaba a sus respectivos equipos cantando a coro y utilizando panderos, unos atletas con una adrenalina a millón vestidos de arriba a abajo de los colores de su institución. Era un acontecimiento.
Pero no sabíamos que la LAI contaba con un Festival Deportivo al finalizar su primer semestre. Me enteré al llegar a la universidad. Pensé que sería interesante: un preámbulo de lo que se daría en las Justas. Ese año fueron en la Universidad del Turabo. Salí frustrada, pareció una competencia más. No había emoción, no había nervios, no había público. Quizás era que sólo los atletas sabían que existía ese torneo o los eventos que presencié no eran tan interesantes o talvez era que en esa universidad no hay tantos estudiantes para que merodearan por el lugar.
Cuando me enteré que este año serían en la Upi, me emocioné muchísimo. Al fin irían estudiantes a ver las competencias. Pensé que el entusiasmo se respiraría en el ambiente. Sin embargo, esta ha sido una semana común y corriente. La gente está vestida de cualquier color, la primera camiseta que salió del closet por la mañana cuando lo abrieron y estaban todavía medios dormidos. En las horas libres, los estudiantes están metidos en la biblioteca estudiando o haciendo trabajos, hablando en los pasillos y sentados en banquitos bajo los árboles. Por lo visto nadie se enteró, o a nadie le importa, que hay un evento deportivo en la UPR, el segundo más grande del año académico, en el que participan los atletas de todas las universidades miembros de la LAI.
No los culpo. Quien sea que esté a cargo de promocionar el campeonato, fracasó. Las únicas pancartas que anuncian el Festival pasan desapercibidas ya que sus letras son tamaño miniatura. Con 20 mil estudiantes en el Recinto, esto era para que por lo menos 5 mil se dieran aunque sea la vueltita por el complejo deportivo. Y es que, ni las modelitos, que no saben cómo se juega el baloncesto o el voleibol pero que son fieles a las canchas porque ahí buscan novios, estaban presentes.
Es una pena que no se fomente el deporte en el primer centro docente del país. Es increíble cómo en las universidades estadounidenses el deporte es un espectáculo: los eventos son televisados, en las gradas no cabe un alma más y todos visten los colores de su universidad. En la UPR, los espectadores se cuentan con los dedos de la mano y a los atletas ni se les dan beneficios. ¿Qué pasó con el “cuerpo sano, mente sana” o con “el deporte es mi antidroga”?
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12 Abril 2008
Estiran una pierna, una mano, en fin, su cuerpo completo cuando de repente escuchan: “¡A sus marcas!” Luego, sin dejarles un segundo para pensar, el árbitro vuelve a abrir su boca y grita: “¡Listos!” Todos olvidan quiénes son y se preparan para… “¡BANG!”. “¡Dale, correee!”, así gritaba la multitud que se arremolinaba entre las gradas para apoyar a su universidad favorita. Experiencias como éstas se viven todos los años, en el mes de abril, desde 1993, en el tradicional Festival Deportivo de la Liga Atlética Universitaria (LAI).

Esta celebración atlética reúne, en una semana, a los campeonatos de la mayoría de los deportes del calendario de la LAI. Durante el semestre académico se realizan distintas competencias eliminatorias o preliminares. Sin embargo, antes que el comisionado de la organización de turno Gabino Irrizary Sorrentini lo estableciera, se realizaban torneos por separado y, en abril, sólo se efectuaban las Justas Atléticas, las finales de pista y campo.
“Comencé a experimentar con un fin de semana deportivo y fue un éxito, así que en 1993 intenté hacer una semana deportiva concentrando todas las disciplinas en Ponce”, explicó el pasado Comisionado.
De esta celebración, la LAI recibe su único respaldo económico a través de las ventas de taquillas, auspiciadores y una aportación anual de $100 mil del municipio de Ponce por un plazo de cuatro años. Hace siete años, se comenzó un Festival Deportivo del primer semestre, llevado a cabo en un lugar distinto cada primer fin de semana de diciembre.
Pero, la organización de estos desafíos atléticos no hubiera sido posible sin que se creara, en 1929, una asociación con la aspiración primordial de promover y regular el deporte universitario. La LAI fue erguida con el fin de “estimular preciados valores éticos y sociales en la comunidad empleando la competición”, según su Declaración de Propósitos del Reglamento General.
Los colores rojo, verde y amarillo de su logo representan sus universidades fundadoras, las únicas que formaban parte del grupo y que participaban de los eventos. Los que comenzaron fueron: el Recinto de Río Piedras de la UPR, el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) y la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Poco a poco, otras instituciones se unieron hasta componer las 19 actuales. El Reglamento General exige que, para pertenecer a la Liga, sus miembros se inscriban en 50% de los deportes ofrecidos y que los atletas aprueben 12 créditos semestrales.
Hasta el 1933 las pruebas existentes eran béisbol, baloncesto y atletismo. Para sumar un nuevo deporte al calendario, se exigía que un 50% de las universidades afiliadas participaran en la disciplina. Irrizarry Sorrentini, comisionado durante los años 1991 al 1998, ignoró esta ley al inaugurar una temporada de béisbol con una cuota de cuatro equipos cuando había 12 instituciones incorporadas. Este deporte se había eliminado, por su poca participación. Incorporó, además, al balompié, que contaba con sólo tres bandos.
“Al presente, la pelota es un evento sólido y el torneo de soccer es uno de los mejores”, opinó el profesor retirado del Departamento de Educación Física del RUM. A través de los años se han completado un total de 16 destrezas.
Los atletas más destacados no sólo tienen la oportunidad de probarse nacionalmente, sino también a nivel internacional. En 1968, la Liga se inscribió en la Federación Internacional del Deporte Universitario e incursionó, en 1970, en la Organización Deportiva Universitaria de Centroamérica y del Caribe. Ambas agrupaciones coordinan los Juegos Deportivos Universitarios Centroamericanos y del Caribe, de los cuales Puerto Rico fue cede en su primera edición, celebrada en San Juan desde el 25 de mayo hasta el 6 de junio de 1972. En el 2000, San Germán fue el anfitrión de estos juegos.
La Liga es dirigida por un Consejo Administrativo, formado por los decanos de estudiantes, directores atléticos y un representante estudiantil de cada universidad. El segundo grupo en mando es el Cuerpo Rectoral o Junta de Gobierno, compuesto por los rectores y presidentes de sus integrantes. Este conjunto nombra, cada dos años, a un Comisionado para que ejerza la función ejecutiva de la LAI. Ambos conjuntos tienen una directiva principal, de la que se eligen comités temporeros para discutir nuevas propuestas, que son transmitidas al Consejo y a la Junta. Actualmente, el rector del RUM, Jorge Iván Vélez Arocho, funge como presidente de la Junta de Gobierno hasta julio de 2009.
Al presente, la Junta de Gobierno revisa un nuevo reglamento, que se espera poner en vigencia en agosto y ordena que cualquier deporte que se añada al programa pase por un periodo de dos años en exhibición. Algunos de los juegos que llevan a cabo este proceso, aunque todavía no se ha fijado el reglamento formalmente, son: el voleibol de playa, las porristas, la lucha femenina, el baile y el boliche.
Tras 79 años de existencia, la entidad aún está en crecimiento. Los miembros del equipo directivo de la LAI se pasan la batuta de una carrera de relevos con una meta en común: contribuir al desarrollo físico, social, moral, emocional, espiritual y cultural del Pueblo usando el deporte como vínculo.
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20 Febrero 2008
Las Navidades habían acabado oficialmente, era el noveno día después de la celebración de los Reyes Magos. En Arecibo, la mayoría de las casas amanecieron con sus prendas navideñas puestas como si quisieran seguir festejando. Así que yo también me adorné y me vestí de rojo. Me quedaba una actividad pendiente. Después de todo, todavía no empezaban las clases y para mi las vacaciones significan Navidad.
Esperé en mi hogar por Carlos, Melissa y Alejandra, con quienes compartiría mi aventura. Ellos vendrían de San Juan y me recogerían ya que mi casa queda en el camino de nuestro destino, Aguadilla. Carlos, un tipo perfeccionista y poco nervioso, era el chofer y Alejandra, la co-pilota. ¡Al fin llegaron! Entre el “tripeo” y la habladuría habían confundido las direcciones y tomado la ruta contraria. Pero una llamada lo resolvió todo. ¡Gracias a Dios por la tecnología!
Comenzó la travesía. El pobre Carlos era el “punto”. Lo culpaban de haber llegado tarde a recogernos, de guiar mal y de no seguir direcciones. Cuando nos cansamos de su protagonismo, ya íbamos por Hatillo. Melissa recordó su “jevo” de Hatillo, un amiguito que tenía en sus años de escuela superior, y nos contó su historia.
En ocasiones mi mente vagabundeaba entre las vistas costeras, la escenografía campestre, los comercios aislados y la escasez de carros. Era la ruta que tomaba desapercibidamente desde mis cinco años para viajar al Colegio. Ahora, miraba con detenimiento los detalles a mi alrededor. Es tan tranquilo, antónimo de Río Piedras. Es tan antiguo, diferente a Hato Rey. Agradable, placentero… Cuando desperté de mi hipnosis Melissa hablaba sobre su celular nuevo y Carlos no quitaba la vista de la calle.
Me convertí en guía turística algunas veces y cada cierto tiempo me preguntaban en cuál pueblo estábamos. Nos acercábamos al fin de la trayectoria. Entonces sentía una mezcla de emoción, nervios, miedo, ansias, de todo un poco. Comencé a imaginarme desplazándome en mi imaginario de una pista de hielo. Nunca había visitado una. Las veía en la televisión cuando de pequeña me divertía observando las competencias de patinaje profesional y seguía las noticias de la campeona olímpica Michelle Kwan. Recuerdo que compré un libro autobiográfico de ella y, mientras lo leía, me visualizaba realizando sus mismos trucos con facilidad. Si se pueden hacer vueltas, bailes y maromas sobre hielo, tan sólo patinar no debe ser tan difícil. Trataba de convencerme que sería como deslizarme en medias sobre el suelo mojado. Decidí exteriorizar mi cobardía. “¡No me dejen sola nunca que me caigo!” Alejandra lo había hecho sólo una vez, así que tendría compañía.
Cuando llegamos a Aguadilla, ninguno de los tres sabía donde era la Pista de Patinaje. Ellos habían ido, pero no como chóferes o prestando atención al camino. Solo recordaban que era frente al mar. Carlos no trajo el mapa; nuevamente pasó a ser centro de crítica. Entramos por una calle que al parecer nos llevaría a la costa, preguntamos a dos personas y arribamos por instinto a una carretera paralela al mar. Pero, ¿cuál era la dirección correcta? Votamos por tomar hacia la derecha, pero nada les parecía familiar. Preguntamos nuevamente. El reto fue realizar un viraje en “u” en un espacio en el que apenas cabían dos carros. Atravesamos el carril contrario y subimos violentamente a un estacionamiento donde pudimos encaminarnos sobre la ruta adecuada.
Era un edificio parecido a un coliseo. Hacía mucho frío. Los únicos clientes éramos nosotros. ¡Perfecto! La humillación no sería tanta. Llegamos un poco temprano, la próxima tanda empezaría en media hora. Melissa tenía hambre pero no podíamos salir a comer porque nadie sabría cómo regresar y llegaríamos tarde. Aprovechamos para caminar por el área. No era un paisaje al que estaban acostumbrados; dos de mis compañeros son sanjuaneros y una es gurabeña. El agua estaba inmóvil, el cielo impetuoso, el sol despierto, la brisa vacilante. Miraba el reloj deseosa por experimentar. No soy una persona que a menudo intenta cosas nuevas pero estoy conciente de que tengo u n gran espíritu aventurero. Hoy lo pondría a prueba.
Era la hora. Ya había cinco personas que serían testigo de mi fracaso. Me quité los zapatos y sentí el frío del piso que aún no era hielo. Sentada, tardé casi 10 minutos en amarrarme los patines que me quedaron un poco grande. Pasé el mismo trabajo para quitármelos y los cambié por unos más pequeños. Un empleado, muy guapo, se percató de que mis patines estaban rotos por debajo luego de que me los apretó. ¡Otra vez a cambiarlos! El tercer par funcionó. Ya Melissa llevaba dos vueltas a la pista.
¡Llegó el momento! Puse el primer pie. Era mucho más resbaloso de los que creía. Me agarré de la valla en cristal que sirve como pared y no me solté por más de un minuto en la hora entera. Comencé a mover los pies y simultáneamente las manos, todavía sujetadas al muro que me servía como bastón. Y así estuve la hora entera, como si estuviera coja, aguantándome de la pared. De momento me armaba de valentía y trataba de soltarme pero cuando intentaba proseguir me movía para atrás. ¿Por qué no podía patinar hacia delante? Daba un paso y era como si lo hiciera en retroceso. El mismo empleado trató de enseñarme cómo avanzar pero se frustró en el proceso. Carlos, Melissa y Alejandra me visitaban de vez en cuando para verificar que estuviera bien. Alejandra se cayó en dos ocasiones y provocó que lloráramos de la risa por minutos. Estuve a punto de caer también, pero llegué a mi muleta rápidamente. Miraba a los demás y se veían tan divertidos. ¿Cómo lo hacían tan fácil?
Aunque nunca aprendí la pasé de maravilla. Algún día volveré a intentarlo, aunque esté una hora caminando pero anclada.
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9 Febrero 2008

El viento y las olas han arrastrado las criaturas marinas a las aguas de Venezuela, Guatemala, Costa Rica y Panamá. La pesca competitiva ha mermado en Puerto Rico. Los jóvenes universitarios, que no tienen los recursos económicos para llevar sus embarcaciones al extranjero, son los propulsores de éste deporte en la isla. Para Benito Pinto, director del periódico náutico La Regata, el crecimiento de esta población en el deporte es muy acelerado y estima que 100, de un total aproximado de 400 pescadores activos competitivamente, son universitarios.
Nicolás Calvahal es uno de ellos. El estudiante de Ingeniería Mecánica del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico comenzó a pescar con su papá a sus tres años de edad. Actualmente tiene 22 y sale a cazar al océano con sus “panas”. En el 2004 fue parte del equipo ganador del Gold Fishing Extreme Release League en el que se acumulan puntos durante 5 torneos celebrados en diferentes zonas marítimas. En Florida obtuvieron el segundo lugar, al igual que en Antigua, donde “soltaron” cuatro agujas azules. Finalizaron en la primera posición en Mayagüez al liberar 18 agujas.
En torneos como éste, catalogados de release o liberación, la puntuación se otorga por la cantidad de peces arrojados a su hábitat luego de ser capturados. Antes de devolverla al mar, la presa es identificada con una enumeración. Una copia de esta etiqueta se envía a la National Oceanic and Atmospheric Administration para que, si posteriormente un pescador atrapa el mismo animal en otro país, lo comunique a la entidad, donde se registra como ha inmigrado y evolucionado la criatura. Si el participante no enumera al anfibio, obtiene una puntuación más baja. El peso del pez adquirido determina los puntos obtenidos en otro tipo de torneo en el que se abordan las presas. Las competencias se dividen por temporadas. La de pez vela comienza en noviembre y la época de mayo a octubre se concentra en el aguja azul.
El logro más significativo para Antonio Sobrino fue extraer un marlin de 800 libras en el 2003. Recibió una certificación de la captura del animal luego de informarlo a la Internacional Game Fishing Asociation. El estudiante de cuarto año de Justicia Criminal de la Universidad Interamericana se ha colocado en los primeros lugares en competencias internacionales. En junio del 2004, soltó alrededor de siete marlins para ser el segundo pescador de mayor puntuación en Punta Cana, República Dominicana. Localmente, fue capitán de la tripulación que consiguió la segunda posición en los torneos realizados por el Cangrejos Yatch Club, en el 2004, y el Club Náutico de Vega Baja, en el 2007.
Antonio está involucrado en este deporte desde sus 13 años. “Siempre hemos estado pescando. Como mi papá tenía lancha, íbamos a Santo Domingo, Venezuela y San Tomas”. Sale con amistades o con su padre a La Parguera, donde su familia posee una casa, o a otras costas, “todas las veces que pueda”. “El deporte ha crecido entre los universitarios, ahora mismo tiene gran auge. Muchos amigos míos lo practican.”. El aficionado, que se especializa en la caza las diferentes especies de pez aguja, ha participado este año en alrededor de siete torneos. Prefiere los de release porque son “más deportivos y competitivos”.
Otros estudiantes que se encuentran fuera de Puerto Rico se incorporan en las competencias cuando regresan a la isla para sus vacaciones. Israel Díaz Rodríguez, gerente de la marina del Club Náutico de San Juan hace 7 años, comentó que la mayoría de los universitarios son hijos de socios de agrupaciones marítimas e ingresan en el campo con sus padres. Díaz Rodríguez ha estado envuelto desde niño en la pesca y navegación, por lo que puede afirmar que “la base de este deporte es integrar a personas de todas las edades”. Para lograrlo se organizan torneos familiares ocasionalmente. Como resultado, “sacan a los jóvenes de la calle”, que son a su vez quienes mantienen viva la esencia competitiva en el país.
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9 Febrero 2008
Los países latinoamericanos son atractivos para norteamericanos, mexicanos y japoneses que están en busca de peloteros potenciales. Las Grandes Ligas de Béisbol cuentan con escuchas observadores en Puerto Rico que visitan algunas ligas escolares o independientes y torneos realizados anualmente.
Los escuchas observadores no pueden firmar peloteros pero les siguen muy de cerca sus trayectorias, muchas veces desde los 15 años de edad, y van haciendo informes de su progreso. Cuando detectan un jugador excepcional, con probabilidad para llegar a las Grandes Ligas, avisan en Estados Unidos a los escuchas autorizados a firmar para que viajen a verlo jugar o les envían los informes para que conozcan su proyección. Al graduarse de escuela superior, es elegible para ser firmado en el sistema de ligas menores de las Grandes Ligas y comienza la contra oferta. Los escuchas le comunican al graduando cuánto están dispuesto a pagarle y en ocasiones le hacen ofertas de guardar un bono para pagarle los estudios en caso de que no lleguen a las Grandes Ligas.
Reclutamiento de universidades estadounidenses
Algunos jugadores eligen comenzar su carrera universitaria antes de firmar con algún equipo. El 16 de octubre la Puerto Rico Baseball Academy realizó por sexta vez el Showcase de Universidades, en donde entrenadores de varias universidades de Estados Unidos seleccionan a sus favoritos y los tratan de convencer para que estudien en sus respectivas instituciones. Omar Rodríguez Osorio, coordinador de la actividad, explicó que la diferencia en los requisitos que exigen los escuchas de nivel profesional y los entrenadores de equipos universitarios es que los segundos tienen en cuenta el promedio académico.
Paul Keyes lleva catorce años como entrenador de la Virginia Commonwealth University y venido a Puerto Rico en cuatro ocasiones para tratar de reclutar para su equipo a los mejores jugadores disponibles que sean exitosos académicamente. Uno de los talentos que ha descubierto es el bateador y campo-corto Sergio Miranda, quien firmó este año con el equipo de Grandes Ligas White Sox de Chicago. Fue nombrado Novato del Año en el 2005 por la Asociación Colonial Atlética y en el 2006 fue el Jugador Defensivo del Año. Ese mismo año impuso un record en su universidad cuando completó 100 hits.
Pero no todos los jugadores que deciden estudiar en los Estados Unidos comienzan a producir desde el primer juego. Keyes explicó que la mayoría pasa por un año de transición en el que se ajustan al sistema escolar y al de juego. Al igual que se enfrentan al inglés, la estrategia diferente de juego es similar a una barrera de lenguaje. El juego del estudiante puertorriqueño es “low key” y al estilo profesional. En Estados Unidos se enfrentan a un mundo más intenso, tienen que manejar más presión porque hacen viajes a menudo y la carga académica es incómoda.
Keyes encuentra que los jugadores estadounidenses aventajan a los puertorriqueños en su fortaleza física. Para Luis Rivera Toledo, quien tiene una maestría en educación física y ha sido entrenador de diez equipos de las ligas Doble A y Coliseba, la diferencia en el cuerpo de los atletas es resultado de la deficiencia de la integración del programa de educación física en el sistema escolar puertorriqueño. Considera que las escuelas estadounidenses cuentan con un mejor programa de educación física con buenos equipos y ligas deportivas en las que se desarrollan los atletas. Esta fortaleza es la que necesitan los puertorriqueños para perfeccionar el nivel de los lanzadores, posición en la que “estamos bien áridos” según el presidente del Colegio de Árbitros de Puerto Rico, Santos Vázquez.
El entrenador de la East Carolina University, Billey Govwin, ha venido a Puerto Rico en cuatro ocasiones para examinar jugadores y piensa que el clima de la isla aventaja la preparación del jugador ya que se puede practicar y jugar durante todo el año.
Primero los estudios en Puerto Rico
“La mayoría de los peloteros que van a estudiar a Estados Unidos lo hacen con la mentalidad de firmar profesionalmente, los estudios pasan a un segundo plano”, comentó Efraín Williams, quien lleva nueve años como entrenador del equipo de béisbol del Recinto de Humacao de la Universidad de Puerto Rico (UPRH). “En Puerto Rico reclutamos estudiantes atletas no atletas estudiantes, la prioridad es estudiar”, añadió el entrenador de los Búhos, que se encuentran en la ronda semifinal del torneo universitario.
Las estrategias de las universidades puertorriqueñas para reclutar peloteros son muy distintas a las de las instituciones estadounidenses. El personal de la UPRH ofrece charlas en las escuelas de los diferentes programas deportivos y van a torneos. En el Recinto de Río Piedras de la UPR hacen eliminatorias de atletas de béisbol que vienen referidos por sus dirigentes de categorías menores o de Doble A juvenil.
El sistema UPR ofrece a sus atletas exención de matrícula y dinero para comida. Mientras, las becas de las universidades en Estados Unidos, en donde la ecuación es muy cara comparada con la de la isla, dependen de la ejecutoria de jugador y en muchos casos no cubre los gastos de matrícula. No obstante, por lo regular los peloteros destacados prefieren estudiar allá porque reciben la atención de escuchas de equipos de Grandes Ligas y participan en eliminatorias en donde son reclutados. Otros estudian su primer año en Puerto Rico y luego se van a otra universidad en Estados Unidos que le haga mejores ofertas. Estos jugadores estudian gratuitamente sin haber representado a su institución ya que en la liga universitaria puertorriqueña los atletas no pueden competir durante su primer año de estudio. Para evitar este problema, algunas universidades amarran a los jugadores por dos años haciendo contratos en los que estipulan que si abandonan la universidad tendrán que devolver el dinero del pago de las matrículas a las que han sido eximidos.
Los receptores y jugadores de campo puertorriqueños son atractivos para los escuchas norteamericanos. Pero más cautivadoras son para los jugadores las millonarias ofertas que éstos les ofrecen cuando se comparan a la módica remuneración que se recibía en la desaparecida Liga de Béisbol Profesional de Puerto Rico, las insignificantes dietas por juego de las ligas aficionadas y las limitadas becas estudiantiles.
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9 Febrero 2008
La natación de la Liga Atlética Interunviersitaria (LAI) cuenta con nadadores elites puertorriqueños e internacionales que son claves para cada equipo. Las metas de los entrenadores parecen estar claras y para llevarlas acabo necesitan el apoyo de estos nadadores destacados.
El deporte de la natación a nivel federativo se divide en dos temporadas. De enero a julio se compite a lo largo de la piscina, mientras que de agosto a diciembre se hacen los mismos eventos a lo ancho. Esta última temporada, llamada piscina corta, ha sido incorporada a los eventos deportivos de la LAI. De esta manera, en los fogueos del primer semestre se ha visto un preámbulo de los posibles atletas que destacarán en las Justas Interuniversitarias en abril.
Ralph Ramírez Santos, quien ha ganado seis campeonatos en la rama masculina como entrenador de los pioneros de la Pontificia Universidad Católica de Ponce (PUC), aspira llevarse el campeonato femenino en ambas temporadas. Para lograrlo, sus nadadoras principales tendrán que hacer el trabajo correspondiente.
“Mi meta es poder ganar la mayor cantidad de medallas de oro en las justas para ver si hacemos historia y quedamos campeonas,” expresó Betsmara Cruz Lebrón, nadadora de la PUC, quien se especializa en los eventos estilo pecho y los 800,400, 200 y 100 metros libre.
Cruz Lebrón espera dominar los eventos estilo libre junto con su compañera de equipo Militza Ríos La Luz. Ambas representaron a Puerto Rico en los pasados Juegos Centroamericanos celebrados en Cartagena y coincidieron que la cagüeña Coral Batiz de la Universidad Sagrado Corazón (USC) será la rival mayor.
Mientras, sobre la rama masculina Ramírez Santos comentó que: “Entendemos que debemos estar luchando el campeonato en con el Turabo.”
José Pérez Castillo, estudiante de tercer año de la PUC, se destaca en los 50 metros pecho, evento que se propone ganar en las Justas Interuniversitarias y romper el record de la competencia. Como meta a largo plazo, el estudiante de contabilidad intentará realizar el tiempo para participar en los Juegos Centroamericanos 2010.
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El entrenador de la Universidad del Turabo, Adolfo Junior Torrech, también buscará el primer lugar en los varones. Entre sus nadadores sobresalientes describió al puertorriqueño Eliezer Lizardi Pagán como el “utility” porque puede cubrir cualquier evento en el que haga falta nadador. Otro de sus fuertes es el colombiano Daniel Cuellar Valencia, quien en abril buscará estar en el podio en los eventos de 50 y 100 metros libre, dorso y mariposa.
Las delfinas de la USC, campeonas las justas pasadas, serán las contrincantes principales del equipo femenino de la PUC. Fernando Delgado Sellas, quien lleva 17 años entrenando al bando, indicó que defenderá el campeonato. La salvadoreña Andrea Galdamez Barrera hará lo propio en los 100 y 200 metros mariposa, eventos que ganó en sus primeras justas este año.
Delgado Sallas aseguró que en la rama masculina su equipo luchará por el tercer o cuarto lugar. El elemento primordial será el hondureño Roy Barahona Fuentes, quien competirá en sus últimas justas en los 50, 100 y 200 metros mariposa y 200 y 400 combinado. Su objetivo es romper las marcas de la competencia en los 200 mariposa y en los combinados, eventos en los que logró el oro en las pasadas justas. Su experiencia internacional incluye los Juegos Olímpicos del 2004 en Grecia, Juegos Panamericanos de 2003 en Santo Domingo y 2007 en Rió de Janeiro, Juegos Centroamericanos del 2002 en El Salvador y 2006 en Cartagena y Campeonatos Mundiales de Natación en Indianápolis (2004) y Australia (2007).
“Mi meta es lograr la marca de los 200 metros mariposa para participar en las Olimpiadas el próximo año en Bejing. Estoy a un segundo,” mencionó Barahona Fuentes.
Los varones de la American University también estarán luchando por la tercera posición según Manfredo Vega Carmona, Director Atlético de la Institución. El dominicano Jacinto Ayala, que participará en los Juegos Olímpicos en Bejing, cargará con parte de la responsabilidad. Ayala, especialista en los 50, 100, 200 libre y 50 y 100 mariposa, se propone mejorar los tiempos que registró en las pasadas justas en las que dominó todos los eventos en que participó, llevándose el título de nadador más valioso.
En las justas de este año, las jerezanas se conformaron con el cuarto lugar luego de haber ganado el campeonato por siete años consecutivos.
“En las próximas probablemente tengamos los mismos resultados. Aunque siempre la meta es mejorar una posición. Tenemos menos nadadoras y Ponce y Sagrado tienen un grupo bueno de nadadoras de distancia. Necesitamos conseguir puntos en los eventos de velocidad y quintos y sextos lugares en los de distancia,” declaró Emmanuel Lanzo Canales, guía del equipo ríopedrense. Recalcó que todas sus nadadoras son importantes y que han quedado campeonas sin ganar medallas de oro, superando a los demás por la cantidad de competidoras.
Para los entrenadores de los equipos masculinos de los Recintos de Río Piedras y Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico las metas son a largo plazo ya que cuentan con nadadores potenciales de primer año. Los estudiantes de primer año pueden nadar en las competencias del primer semestre pero no en las de enero a abril.
“El equipo de varones se debilitó porque se graduaron tres muy buenos,” señaló Ivan Romaguera Ramos, entrenador de los tarzanes.
Romaguera Ramos está enfocado en las féminas y comentó que deben estar luchando el cuarto lugar detrás de la UPR. Entre sus nadadoras más destacadas mencionó a las espaldistas Glenda Bonilla y Estefania Laboy y la mariposista Patricia Chardón. Destacó que Bonilla y Chardón son versátiles ya que pueden nadar tanto larga como corta distancia.
El próximo 3 de noviembre se llevará a cabo la tercera clasificatoria de piscina corta en la Universidad Central de Bayamón. De los participantes en los fogueos realizados desde septiembre se escogerán los mejores 16 tiempos por evento para participar en los Campeonatos de Piscina Corta, evento culminante de la temporada, que se llevarán acabo en el Albergue Olímpico en Salinas del 30 de noviembre al primero de diciembre. Asimismo, desde enero comenzarán las clasificatorias de piscina larga para las Justas Interuniversitarias que se celebrarán del 8 al 10 de abril.
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