Acordes inmortales
“Este año tengo que demostrar que son tan buenos como todos los que han pasado, que la Tuna de la Universidad de Puerto Rico sigue siendo la Tuna de la Universidad de Puerto Rico, que la calidad y los deseos son tan buenos como en 1961. Tenemos que tener el mismo sentimiento,” expresó Gregorio Acevedo González, director de la Tuna de la Universidad de Puerto Rico (UPR), a los miembros de la agrupación, respecto al Concierto de 45 Aniversario a celebrarse el 29 de noviembre en el Teatro del Recinto. En la actividad, ex miembros de la comparsa, divididos en décadas, interpretarán canciones y al final se presentarán los integrantes actuales.
Desde sus comienzos, los premios que han obtenido revelan que el conjunto es considerado uno de los mejores en su categoría, tanto nacional como internacionalmente. En 1984, ganaron el Premio mejor Tuna y el Premio mejor pieza instrumental en el Primer festival de Tunas de la Ponitificia Universidad Católica de Puerto Rico. Además, repiten el Premio a la mejor tuna y obtienen el Premio al mejor solista en el Segundo Certamen Internacional de Tunas en Pau Francia en 2004. Incluso, personalidades como “El Topo”, el Trío Carbie, el Trío Semit y Celinés han sido miembros de este grupo.
No fue hasta 1961, año en que fue fundada por la Profesora Norma Urrutia de Campo, que hubo mujeres en una tuna. Al hacer la convocatoria, la profesora del Departamento de Estudios Generales no especificó que solamente sería para hombres y llegaron mujeres a audicionar.
Asimismo, el conjunto ha sido el pionero en más elementos. Introducen la fantasía de la bandera por primera vez en el ambiente tuneril de Europa en 1982 y luego se expandió la costumbre a todo el Continente. Además, llevan el espectáculo de capa a Suramérica en 1990.
Otro aspecto que ha surgido del grupo universitario es la demostración de pandereta. Actualmente, se realizan competencias del instrumento entre tunas, en las que Acevedo González ha sido premiado como el mejor en la disciplina. Una de las ocasiones fue en el Simposio de Tunas realizado en Chile en 2005.
La comparsa armoniza guitarras, cuatros, mandolinas, tiples, bandurrias, castañuelas, panderetas, laúdes y bordonúas. “No he visto más tunas que tengan los tres instrumentos puertorriqueños además de la nuestra,” comentó el Director.
“Es sumamente reconocida y famosa, tiene tremenda reputación. Habiendo tantas tunas, el que tengan tan buena reputación, refleja un grado de talento y profesionalismo,” comentó Maria Isabelle Pagán Altieri, estudiante de la Escuela de Comunicación de la UPR.
Acevedo González, quien es también profesor del deporte de esgrima en el Departamento de Educación Física de la UPR, informó que la primera responsabilidad de la tuna es mantener la tradición de serenata, trabajando siempre en nombre del amor. La participación en escenario pasa a un segundo plano.
Por otro lado, han demostrado su solidaridad participando en la Actividad Relevo por la Vida en 2003, organizada por la Asociación Puertorriqueña del Cáncer, y en un homenaje a las madres de residenciales públicos, ese mismo año.
Sus memorias son incontables. Han dejado huella en España, Francia, Suiza, Italia, Venezuela, Santo Domingo, Estados Unidos, Perú y Chile.
“Lo más importante que hemos hecho fue en Roma, visitamos la residencia veraniega del Papa en 1964. Rompimos el protocolo y empezamos a tocar En mi viejo San Juan. Cuando venía el guardia, Pablo VI levanta la mano, los detiene y nos dejaron cantar. Después, le pasamos una bandera de Puerto Rico. El lugar se convirtió en una audiencia sin querer. Pudo haber tenido consecuencias de índole protocolario, pero valió la pena arriesgarse,” narró quien es líder del grupo desde el 1972.
Del mismo modo, los alumnos tienen experiencias que contar. “La sociedad impone que los hombres son los que le dan serenata a las mujeres. Esta vez fue viceversa, fue a mí. Es lo más impresionante que me ha pasado como miembro de la Tuna. Me hicieron sentir algo muy diferente,” reveló Carlos Ramos Vázquez, estudiante de tercer año de la Facultad de Ciencias Sociales. “Otro momento inolvidable fue cuando subí de rango y me dieron la beca,” añadió el Tuno.
Los integrantes comienzan como principiantes y con el transcurso de su participación se ganan el uniforme. Empiezan vistiendo una camisa blanca y una flada o pantalón negro y solo son espectadores. Al ganar un parcho, pueden ejercer en la tarima. No obstante, es al adquirir la beca que se convierten en Tunos. Por último, obtienen la capa, pasando a ser Tuno Mayor.
“Cuando eres prepa escoges un padrino, es el que adopta tu desarrollo en la tuna, se convierte en un amigo. El día que me dieron la beca, mi madrina me envió una cuchara. Todo tiene un significado. Los Tunos antes pasaban mucha hambre, cantaban para comer, y siempre les daban sopa. Por eso llevaban una cuchara en el uniforme. Ahora la llevo con orgullo,” recordó Ramos Vázquez.
Sin embargo, su escencia no ha sido meramente musical. Según Minoshka Alvarez Díaz, estudiante de segundo año del Departamento de Música y quien toca las castañuelas, la Tuna se volvió su segunda familia.
Este ambiente se pudo apreciar en una reunión de práctica, donde durante los intervalos de cambio de canción, Acevedo González decía chistes y todos reían. A la misma vez, animaba a los músicos mientras tocaban, gritando “¡Vengan!,” “¡Con certeza!,” “¡Sin miedo!”
Al mismo tiempo, las placas, fotos y premios en las paredes del salón de ensayos traían los recuerdos de los viajes, las vivencias y los conocimientos adquiridos; actuaban como la presencia del ayer. Se fusionaba el pasado con el presente y se preparaban para un futuro.

Norma Urrutia de Campo dijo
Nayda; Me ha gustado mucho tu entrevista a Goyo y a otros chicos de la Tuna con motivo de este aniversario #45. Supongo que te contó cómo entró a la tuna, por una ventana de la glorieta donde ensayaban los primeros tunos, cuando Paquito López Cruz y yo le invitamos a pasar... Esto, en vista de que diariamente rondaba por allí para ver los ensayos.
Quiero que conste entre estos recuerdos el papel principal que ejerció don Jaime Benítez, a la sazón rector de la UPR, en la aceptación de la Tuna como parte importante de la institución. Fue la intervención suya la que permitió que Paquito López Cruz adiestrara a los tunos en la práctica y uso de los instrumentos como parte de su labor directiva en el verano de 1962. A él también se le debió el uso de la Glorieta como sede inicial de la Tuna. Y fue también él quien autorizó que la Tuna pasara a ser auspiciada por el Centro de la Facultad, con un salón propio para ensayos. Siendo este año cuando se cumple también el centenario de don JB, me compace mucho rendir a esa figura cimera de la UPR este humilde homenaje, en recuerdo a su importante gestión universitaria.
29 Noviembre 2006 | 10:12 PM