El viento y las olas han arrastrado las criaturas marinas a las aguas de Venezuela, Guatemala, Costa Rica y Panamá. La pesca competitiva ha mermado en Puerto Rico. Los jóvenes universitarios, que no tienen los recursos económicos para llevar sus embarcaciones al extranjero, son los propulsores de éste deporte en la isla. Para Benito Pinto, director del periódico náutico La Regata, el crecimiento de esta población en el deporte es muy acelerado y estima que 100, de un total aproximado de 400 pescadores activos competitivamente, son universitarios.

Nicolás Calvahal es uno de ellos. El estudiante de Ingeniería Mecánica del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico comenzó a pescar con su papá a sus tres años de edad. Actualmente tiene 22 y sale a cazar al océano con sus “panas”. En el 2004 fue parte del equipo ganador del Gold Fishing Extreme Release League en el que se acumulan puntos durante 5 torneos celebrados en diferentes zonas marítimas. En Florida obtuvieron el segundo lugar, al igual que en Antigua, donde “soltaron” cuatro agujas azules. Finalizaron en la primera posición en Mayagüez al liberar 18 agujas.

En torneos como éste, catalogados de release o liberación, la puntuación se otorga por la cantidad de peces arrojados a su hábitat luego de ser capturados. Antes de devolverla al mar, la presa es identificada con una enumeración. Una copia de esta etiqueta se envía a la National Oceanic and Atmospheric Administration para que, si posteriormente un pescador atrapa el mismo animal en otro país, lo comunique a la entidad, donde se registra como ha inmigrado y evolucionado la criatura. Si el participante no enumera al anfibio, obtiene una puntuación más baja. El peso del pez adquirido determina los puntos obtenidos en otro tipo de torneo en el que se abordan las presas. Las competencias se dividen por temporadas. La de pez vela comienza en noviembre y la época de mayo a octubre se concentra en el aguja azul.

El logro más significativo para Antonio Sobrino fue extraer un marlin de 800 libras en el 2003. Recibió una certificación de la captura del animal luego de informarlo a la Internacional Game Fishing Asociation. El estudiante de cuarto año de Justicia Criminal de la Universidad Interamericana se ha colocado en los primeros lugares en competencias internacionales. En junio del 2004, soltó alrededor de siete marlins para ser el segundo pescador de mayor puntuación en Punta Cana, República Dominicana. Localmente, fue capitán de la tripulación que consiguió la segunda posición en los torneos realizados por el Cangrejos Yatch Club, en el 2004, y el Club Náutico de Vega Baja, en el 2007.

Antonio está involucrado en este deporte desde sus 13 años. “Siempre hemos estado pescando. Como mi papá tenía lancha, íbamos a Santo Domingo, Venezuela y San Tomas”. Sale con amistades o con su padre a La Parguera, donde su familia posee una casa, o a otras costas, “todas las veces que pueda”. “El deporte ha crecido entre los universitarios, ahora mismo tiene gran auge. Muchos amigos míos lo practican.”. El aficionado, que se especializa en la caza las diferentes especies de pez aguja, ha participado este año en alrededor de siete torneos. Prefiere los de release porque son “más deportivos y competitivos”.

Otros estudiantes que se encuentran fuera de Puerto Rico se incorporan en las competencias cuando regresan a la isla para sus vacaciones. Israel Díaz Rodríguez, gerente de la marina del Club Náutico de San Juan hace 7 años, comentó que la mayoría de los universitarios son hijos de socios de agrupaciones marítimas e ingresan en el campo con sus padres. Díaz Rodríguez ha estado envuelto desde niño en la pesca y navegación, por lo que puede afirmar que “la base de este deporte es integrar a personas de todas las edades”. Para lograrlo se organizan torneos familiares ocasionalmente. Como resultado, “sacan a los jóvenes de la calle”, que son a su vez quienes mantienen viva la esencia competitiva en el país.