La bienvenida a la histórica entrada principal del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico se acompaña de elementos de dudoso valor histórico: varios cruzacalles publicitarios, pasquines y cuatro gigantes portadores de anuncios interrumpen la visual de la acera. Esta es la misma área que se remodeló a un costo aproximado de 700 mil dólares.

El arquitecto Jose R. Coleman-Davis fue contratado en septiembre de 2006 para restaurar “el primer frente formal que dio la Universidad a la Ponce de León”. Confeccionada en el 1939 y diseñada por Raúl Reichard, la cerca fue lo que le dio, según Coleman-Davis, “identidad arquitectónica” a la Institución, ya que fue materializada antes que la Torre Franklin Delano Roosevelt. En la década del 1970, se realizaron unas mejoras al edificio Facundo Bueso, que requirieron derrumbar cuatro columnas de la verja, reemplazadas luego por unas cuadradas y simples que no guardaban compatibilidad con las originales. Para la construcción de la estación del Tren Urbano en el Recinto también se desmantelaron unas columnas y las volvieron a poner.

No es hasta diciembre del año pasado que la verja completa se restauró restaurar para hacerla idéntica a las auténtica. Aunque se añadieron pedazos que se habían fundido de la decoración antigua, se reciclaron los ladrillos y los paños de reja originales. Un 95% del hierro de los 1,100 pies lineales del portón está prácticamente intacto desde hace 68 años.

Coleman-Davis, quien también rediseñó el Teatro de la UPR, opina que este armazón tiene un valor arquitectónico inestimable porque le da una “presencia digna” a la Universidad ante la ciudad. Pero, al parecer, el área atrae a la publicidad y nadie ha protestado hasta ahora la agresión visual que sufre este espacio tan valorado históricamente.

Algunos rótulos, promoviendo actividades a efectuarse dentro o fuera de la Institución, son amarrados de manera que tapan la visibilidad del acceso peatonal principal. Los estudiantes parecen no advertir la gravedad de la situación. Lisa Verta Reyes camina la avenida Universidad para llegar a sus clases. La estudiante de tercer año de literatura considera “cool” colocar cruzacalles en el área porque se informa de los eventos, aunque confesó que no siempre los lee. Piensa que si los acomodan “mal, doblados y virados”, el espacio se ve “feo”. A Frances Vargas Pacheco, otro peatón regular, no le molestan: “al contrario, es dónde me entero de las obras de teatro que hay y voy”.

A lo largo de la acera frontal de la UPR, paralela a la carretera Ponce de León, se levantan cuatro paneles, uno detrás del otro, que por ambas caras muestran carteles propagandísticos a través de unas ventanas plásticas. Siete de estos ocho espacios para anuncios están ocupados por promociones de TVaquí, una recién inaugurada revista semanal de Casiano Communications.

La compañía dedicada a la colocación de estas estructuras con fines publicitarios, Sistemas Urbanos, fue creada en 1997 para responder a las necesidades de mobiliario urbano de las diferentes ciudades de Puerto Rico. Su objetivo, según su página en la Web, es “mejorar el concepto de publicidad exterior, dándole una mejor imagen y estética urbanística a las áreas urbanas”. Sus especialistas realizan estudios constantemente junto a los municipios para establecer los lugares en donde ubicarían sus productos. Recopilan el análisis en una propuesta que envían a las autoridades municipales, donde se hace una negociación y se aprueban permisos.

Claudio Perino, empleado de la entidad, mencionó los criterios principales de identificación de zonas elegibles para instalar los paneles: cantidad de tránsito y existencia de paradas de guagua. El cliente señala dónde quiere exponer su anuncio y la corporación le comunica la disponibilidad y el precio.

Una organización estadounidense creada para proteger la belleza natural del ambiente, preservar paisajes y proteger recursos históricos y culturales, Citizens for a Scenic Florida, critica en su portal electrónico a estos artefactos. La agrupación describe cómo los portadores de anuncios comercializan el espacio público, distraen al conductor y sirven de escondite a asaltantes que vigilan al peatón.

Otro tipo de murales publicitarios, los llamados de “parada” o “bus shelter”, comunes en los alrededores de las paradas de transportación colectiva, se ubican a cada lado de la parada de guagua pública frente al portón principal de la Universidad. Este medio es muy utilizado en la Isla, según Sistemas Urbanos, por “su gran efectividad y accesibilidad”. Su página electrónica establece que “al diseñar paradas de guaguas en armonía con la arquitectura prevaleciente en Puerto Rico continuamos haciendo publicidad exterior sin afectar la estética urbana”.

Mientras la compañía cataloga sus diseños publicitarios como “elegantes”, Coleman-Davis discrepa: “es una cosa horrible” que le resta “completamente” el valor a la entrada del Recinto. No sólo los contempla como un desacierto por tratarse de la verja histórica, sino que encuentra errado el constante “bombardeo” de rótulos en cualquier sitio de la ciudad porque “afea y contribuye a la contaminación visual, que es un afronte a la población”.

Hay pasquines por todos lados con la excusa de extraer dinero para las arcas públicas. El arquitecto sugirió que debe haber otra manera de generar ganancias sin afectar el ambiente. “En algún sitio hay que tirar la raya”.