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"...escribe claro quien piensa claro." Martín Vivaldi

26 Octubre 2008

El espectáculo que no se dio

“Al depender de la lógica del mercado, y éste de las leyes del espectáculo, necesitan de la continua existencia de conflictos”

Claudia Rausell Koster

Democracia, información y mercadeo

Está claro. El conflicto tiene la capacidad de atraer la atención de un televidente.

Claudia Rausell, profesora de comunicaciones en la Universidad de Alicante en España, expone en su libro Democracia, información y mercadeo que el medio accede a que los políticos se conviertan en fuentes siempre y cuando planteen conflictos y, conscientes de esto, los líderes políticos dejan de exponer sus proyectos para discutir entre ellos y establecer disputas. Es así que la información se convierte en espectáculo, pues se producen disyuntivas para gestionar visibilidad.

Los debates políticos suponen diferencias de ideas, críticas de acciones pasadas, ataques personales y, por ende, pleito. Este tipo de espectáculo resulta tan atractivo para los medios de comunicación que se han encargado de crearlo y auspiciarlo en repetidas ocasiones durante este mes, tanto en la nación americana como en Puerto Rico.

Sin embargo, el conflicto, vital para el entretenimiento del receptor de información política, no fue significativo durante la discusión del tema de economía del primer debate de los candidatos a la presidencia estadounidense realizado a finales del mes pasado. Los candidatos no hicieron propuestas radicales ni tenían visiones considerablemente diferentes.

A falta de conflicto, el periodista Jim Lehrer, moderador de la contienda, tuvo que pedirle públicamente al delegado del Partido Demócrata, Barack Obama, que le hablara directamente a su opositor por el Partido Republicano, John McCain. Cuando Obama repitió su comentario en un tono jocoso y utilizando “tú” para dirigirse a su contrincante, el público, que prometió mantenerse en silencio, soltó una carcajada. Inmediatamente, McCain le preguntó al periodista: “¿Tienes duda de que lo esté escuchando?”; a lo que el intermediario contestó que sólo estaba determinado a hacer que se hablaran uno al otro. Éste momento fue una prueba de que las ansias por crear un espectáculo se veían frustradas.

Otra ocasión similar ocurrió al McCain comentar que él no necesitaba responder de atrás para adelante, luego de que Obama le lanzara una crítica. Nuevamente, Lehrer expresó desilusión con el desacierto de un espectáculo y dijo públicamente: “no es divertido”.

Los tiros de cámara cuyo objetivo era presentar a ambos oradores a la vez en la pantalla del televisor no funcionaban. Se evidenciaba que el contendiente del Partido Republicano no miraba a su opositor del Partido Demócrata, aunque el segundo intentaba, entre ratos, dirigirse a su rival.

El fondo azul oscuro y los colores sobrios que dominaban el escenario de esta competencia política no ayudaban a configurar el ambiente de espectáculo al que apunta un debate de este tipo. Por el contrario, en el primer choque local del mismo tipo, reinó un colorido un tanto incómodo para la concentración del espectador.

Al comienzo de la competencia entre los que lucharán el próximo mes por el mandato de Puerto Rico, una pantalla, colocada detrás de los contrincantes, reflejaba en los colores de la bandera y con un fondo colorido el título del debate: “Decisión 2008”. Cuando empezó la ronda de preguntas, se proyectaban paisajes de Puerto Rico que cambiaban cada vez que los periodistas formulaban una nueva interrogante. Además, los candidatos vestían corbatas brillantes con los colores de sus respectivos partidos.

Por otra parte, la ofensiva de los participantes en este encentro fue una predecible y repetitiva, pues la “tiraera” fue la misma que reinó durante todo el año en los anuncios publicitarios y en las campañas electorales. El conflicto no fue interesante. ¿Las propuestas?, fueron los mismos discursos de cambio y cero corrupción, de un equipo del mismo bando, de energía renovable y de eliminar el partidismo político. Hasta el candidato por el partido Puertorriqueños por Puerto Rico, Rogelio Figueroa, se aburrió, dejó de prestar atención y tuvo que comenzar su tercer turno dirigiéndose al panel de periodistas diciendo: “¿cuál es la pregunta?”.

Asimismo, los candidatos seguían un libreto, sin contestar preguntas o sin defenderse de críticas, y se mostraban demasiado serios o exageradamente sonrientes.

Para fortalecer este tipo de espectáculo, para que no deje de existir y para no ponerlo en peligro de extinción, en la Isla se recurrió a realizar uno en el que el moderador fue un artista. Quién sabe si ésta se convierte en una nueva modalidad para los medios ganar audiencia.

Pero entonces, ¿quién ganó el primer debate por el puesto más alto del gobierno en Estados Unidos? ¿Y en Puerto Rico?

El publicista político Roberto Alfa manifiesta en su Diario de campaña que la gente no es capaz de decidir quién ha vencido un debate porque los candidatos van con la lección tan aprendida que es prácticamente imposible desequilibrar alguna campaña. Pero en este caso parece ser que la explicación es diferente: nadie se robó el “show”, porque simplemente no existió.

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Claudia Rausell

Claudia Rausell dijo

El título del libro que citas es "Democracia, Información y Mercado", no "mercadeo". Son conceptos distintos. Un saludo

27 Enero 2009 | 04:19 PM

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Nayda. Arecibo, Puerto Rico. 21 años. BA de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Comunicaciones con concentración en Información y Periodismo. Segunda concentración en Finanzas, Moneda y Banca.

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